Nuestra niñez patriarcal

Dibujo de la artista china Xi Pan

El otro día encontré el diario que tenía a los 12 años. Entre cosas poco interesantes que escribía sobre lo que hacía cada día, encontré muchísimas cosas que me chocó leer. Me chocaron, porque son cosas que ninguna niña de 12 años debería escribir, y mucho menos pensar. Escribía sobre los chicos “guapos” que me había cruzado, sobre quien debería salir con quien de mi clase, teorías sobre si uno me gustaba o yo le gustaba a otro. Cosas que probablemente no fueran ciertas, ni llegarían nunca a producirse, pero que son importantes ya que reflejan bastante bien la educación patriarcal a la que las niñas están sometidas, y la que yo misma intento sacarme de la cabeza cada día, igual que otras miles de compañeras. Absolutamente todo lo que escribía giraba entorno al sexo masculino, todo eso acompañado de algunos comentarios, obviamente negativos y denigrantes sobre mi físico.

En una parte a la que le puse el nombre de “sueños”, enumero todo aquello que me gustaría que pasara en mi vida. Uno que me llamó especialmente la atención fue: “que un chico me pida salir”. En vez de soñar cosas en relación con mis amistades, mis pasiones o mis proyectos de futuro, soñaba con que un chico tuviera la piedad (porque sí, así lo pensaba) de pedirme salir. Lo mejor que me podía pasar en mi vida era que un chico se enamorara de mí, pero no solo eso, lo colocaba como mi mayor sueño, porque pensaba que eso iba a hacerme feliz, a completarme.

Esto es solo un ejemplo de otras cosas que he leído de lo que escribía de pequeña, y de los recuerdos que todavía tengo de esa época. Es importante, aunque parezcan cosas de críos, analizar estas representaciones que nos imponen desde pequeñas y que formatean totalmente nuestra forma de vernos y de ver la vida y las relaciones sociales. Nos ametrallan desde nuestros primeros años de vida con películas, cuentos o series donde los personajes femeninos esperan desesperadamente que un hombre venga a salvarlas, a sacarlas de la enorme tristeza que les produce su soledad. Personajes femeninos muchas veces sin pasiones y sin actividades que les permitan sentirse realizadas. Y cuando las tienen, los problemas amorosos (con hombres obviamente, la representación de la homosexualidad reina por su ausencia cuando no es para ridiculizarla) siempre pasan por delante, siempre.

Después vienen las películas de adolescentes, y de repente aparece el sexo. Venga, así de repente. Te presentamos a chicas que se casan con príncipes con el que no han cruzado ni media palabra y ahora te bombardeamos con lo contrario, sexo, besos, “virginidad” y todo el resto. No nos ofrecen ningún tipo de transición, pero el hilo argumentativo se mantiene: si eres una mujer lo único que debe importarte es encontrar a un chico y obviamente, perder tu “virginidad”. Lo que ya era complicado antes, se torna extremadamente más difícil con este tipo de temáticas. Ahora ya no es solo esperar a que llegue el príncipe, ahora además debes hacer lo posible para que venga. Pero nada de hablar con chicos sobre tus pasiones, comportarte de forma normal a su alrededor, no, al contrario, se trata de alejarte lo máximo de ellos, y sobre todo, cumplir físicamente un canon de belleza. Un canon que ninguna niña de 15 años puede tener, porque las actrices que interpretan a los personajes suelen doblarlas en edad. Ahí tienes, a una tía de 20 años haciendo de una de 15, sin granos, con un cuerpo muy estilizado y pechos grandes, poco que ver con la media de niñas de esa edad. Y empezamos a preguntarnos por qué no podemos tener ese cuerpo, por qué a nosotras nadie nos pide salir, ni nos mira, ni nos habla. Y es normal que no sea como en las películas, porque esa edad es un caos para todo el mundo, para todos los géneros.

Sin embargo de eso nunca te hablan. Nadie te explica lo que es mirarte y no sentirte acorde con tu sexo, ni lo que es mirarte al espejo y querer romperlo en mil pedazos. Tampoco te hablan de descubrir que no te gusta lo que debería gustarte, que te gusta más de lo que debería, ni el agobio de buscar el camino que quieres seguir en tu futuro. Y luego llega todo de golpe. Llegan las dudas infinitas, el asco producido por tu propio cuerpo, y las ansias de ser besada y perder la “virginidad”. Y todo eso se canaliza y queda grabado en un diario, en sueños donde somos sujetos pasivos, a pesar de ser nuestra vida. Sujetos pasivos al mando de un sujeto activo, el hombre, aquel que va ayudarnos a conocernos y a descubrirnos.

Con el tiempo y mucho feminismo (mucho, mucho, mucho), aprendí que no. Que la única forma de conocerte de verdad es arrancándote todas estas representaciones tóxicas, que la única forma de construir la persona que quieres ser es rodeándote de amistades positivas y queriéndote. Queriéndote mucho, y dándote cuenta de que un chico es un chico, y que tu vida es mucho más que eso, que quieres viajar, escribir, leer, dudar sobre mil cosas, crecer y aprender del mundo que te rodea sin necesidad de tener una figura masculina a tu lado.

Estar con chicos me enseñó algunas cosas, no voy a mentir, me conocí en una posición en la que nunca había estado, pero sobre todo, me enseñó que el único gran amor y alma gemela que iba a conocer era yo misma. Que todas estas historias de niñas y adolescentes no son verdad, que las personas llegan a tu vida y se van, que te hacen feliz y te hacen daño, que nada es para siempre, y mucho menos las relaciones tanto de amistad como románticas/sexuales.

Decirle a mi yo del pasado que pensar así estaba mal o sentirme avergonzada por lo que fui no sirve de nada, lo único que es realmente eficaz es evitar que otras niñas se sientan así y piensen que no son nada si no están atadas a un hombre. Lo importante es educar a las niñas para que sean lo que quieren ser; y sobre todo, educar a los niños para que no se impongan, para que vean a sus compañeras como iguales, para que dejen a las niñas ese espacio que nos arrebataron a nosotras, pero que queremos para las generaciones futuras.

About Astrid

Estudiante de sociología, 19, feminista.

2 thoughts on “Nuestra niñez patriarcal

  1. Hola:
    Sólo quería decirte que tienes mucha razón, pero que no debes castigarte tanto. Entenderte, quererte y contextualizar a tu yo de 12 años me parece vital. Comprender tu evolución y sentirte orgullosa; mirar atrás y no castigar a la niña de 12 años. Cuando seamos capaces de abrazar a nuestras yos de 12 años seremos libres del rencor y el asco hacia nosotras mismas que nos provoca el patriarcado. Un besazo!

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