Sola. Calle. Miedo.

miedo en la calle
“Woodsman”, de la ilustradora letona Jana Brike

Yo.  32 años. Ciudadana del mundo residente en Barcelona. 165 centímetros de la cabeza a los pies. Con un trabajo digno y que me gusta. Formada en género. Feminista. Comparto mi espacio vital con una gata y un gato. Alguna relación tóxica en el pasado. Desórdenes alimenticios superados.

Yo. Puro empoderamiento. Si no me conoces y me ves por la calle, o en cualquier espacio piensas que seguridad y autoestima fueron conceptos que inventé yo, porque ya me he encargado personalmente de que eso sea lo que irradio. De mirada fija. No bajo la mirada a veces por pura arrogancia, y muy en especial cuando quien me la mantiene es un hombre, aunque esto algunos lo hayan leído como que quiero sexo con ellos.

PERO. PEROOOOOO… Cuando voy por la calle, os lo confieso, muchas veces tengo miedo. El otro día por ejemplo, se hizo de noche y yo corría sola por una montaña. No exagero si os digo que corrí y corrí, y llevaba las llaves de mi casa a modo de cuchillo en la mano, por si me salía algún gilipollas. Esto es extrapolable a cuando salgo de noche y vuelvo tarde a mi casa, habiendo o no habiéndome tomado unas copas de más. Y esto ha sido siempre así. Calle. Sola. Sensación de peligro. No siempre que voy por la calle, pero es un triángulo amoroso que de tanto en cuanto aparece en mi vida, desde siempre.

Claro, pero es que resulta que yo estoy traumatizada. En los 90 estaban muy de moda los señores con gabardina y nada debajo. O los señores que se masturbaban por la calle. Claro, pobre de mí. Yo estoy traumatizada. Encima con 17 años dos señores me atracaron. Y otro señor me atracó con jeringuilla en mano.

Durante años he creído que todo era una exageración por mi parte. Que veía el peligro por todos lados, que volver a mi casa a las 3 de la mañana con las llaves en la mano por si las tengo que usar para azotar a alguien o siempre controlar mis espaldas era fruto de mis “traumas.” Y mi alrededor, el masculino, me lo ha recordado siempre. Que exagero. Que el mundo no está lleno de violadores. Que no es para tanto. Que es rarísimo lo que siento y expreso.

Y yo, tan lista, tan empoderada…. He tardado 32 años en darme cuenta de la mentira.

Conocido por tod@s lo que pasó en montañita (Ecuador) con las dos inconscientes que viajaban solas (sin macho, claro, buscando lo que les pasó). Ahí dije…”espérate tú… A ver si va a resultar que lo de convencerme de que exagero y de que estoy traumatizada es un mecanismo más para oprimirme”. Así que empecé a preguntar a mi alrededor… y qué sorpresa. Resulta que no hay ni una sola mujer de todas las que he preguntado, y conozco a muchas, y soy muy preguntona, que no haya sentido el triángulo amoroso “calle, sola, peligro”.  Pero claro. Todas tenían algún trauma que hacía que se justificaran. Una se llevó un susto una vez, otra vive en una zona apartada, y ya se sabe…Vamos. Todas hemos tenido miedo. Casi todas lo justificamos como un problema nuestro de gestión fruto de una experiencia pasada en la que hubo al menos un hombre y que nos pasó porque tuvimos mala suerte o porque nos lo buscamos.

Entonces pasamos a la otra parte del debate. ¿De qué o de quién tenemos miedo?

¿De qué…? Bueno, la sensación de vulnerabilidad es una constante en los diversos miedos.

¿De quién…? De que salga algún loco. Porque claro, los agresores son locos. Psicópatas. O inmigrantes. No es un opresor, alguien que se aprovecha de un sistema que oprime al 51% por ciento de la población, alguien que se sabe con la suficiente impunidad como para agredir y que incluso le justifiquen por la actitud de la víctima, porque claro, todo el mundo sabe que la cultura de la violación no existe, es un invento de las feminazis odiahombres antipenes.

Creo que ya va siendo hora de que llamemos las cosas por su nombre:

1-     Tener miedo en la calle (por calle entiéndase montaña haciendo deporte, la playa, la calle a altas horas de la noche o lo que te de a ti la gana) es fruto de que fuera del espacio de tu intimidad y tu casa sales a un circo llamado patriarcado en el que hay un colectivo opresor y un montón de oprimidas (no voy a entrar aquí en las diferentes clasificaciones de personas. Cuando digo opresor me refiero a personas leídas como hombres cis heterosexuales blancos y de clase media y alta. Oprimidas al resto de la humanidad).

2-     Justificar tus miedos porque te pasó algo, porque tu madre lo asume como normal, porque tu novio  y/o tus amigos hombres dicen que exageras es otra de las armas del sistema patriarcal. Y al fin y al cabo, en tus miedos, ha habido un hombre involucrado.

3-     No son locos. No son psicópatas. No son inmigrantes. Puede haber obviamente algún loco, algún psicópata, algún inmigrante, pero dejemos de estigmatizar al colectivo de enfermos psiquiátricos, que bastante estigmatizados están ya, o a los extranjeros de culturas “peores” que las nuestras… que esas pobres sí que están mal y no nosotras (no te jode!!). Son hombres “normales”, son hijos sanos del patriarcado. Podría ser tu hermano, tu mejor amigo, tu jefe, tu vecino, tu doctor, tu padre, incluso tu novio… Lo que pasa es que es más fácil sacar al tipo de la “manada” y decir que no es de los nuestros (no sé qué significa de los nuestros, pero el patriarcado lo usa mucho…). Es mejor pensar que es un loco, un perturbado, o alguien con una cultura diferente y opresora. Pero no es así. Es un hombre. Es alguien a quien le han educado en la cultura de que puede obtener lo que desea y hacer lo que sea necesario para conseguirlo, pasando por encima de quien sea y como sea. Con esto no quiero decir que todos los hombres vayan asustando a las mujeres y que no haya hombres inteligentes y sensibles con el asunto, que renuncian a su situación de privilegio que este sistema les da. Pero no voy a entrar en ese juego, igual que en su momento me negué a entrar en el discurso banal de las denuncias falsas por violencia machista.

¿Cómo se soluciona? Pues no lo sé, la verdad. Dejo el debate abierto.

Mi madre. Señora empoderada. También con traumas relacionados con alguna experiencia rara en la que había involucrado algún hombre que justifican sus miedos por la calle. Mi madre me decía que me tranquilizara, que por donde iba a correr siempre había gente. Que si pasaba algo, alguien se enteraría y correría en mi ayuda.

Una compañera de trabajo me hablaba de tomar precauciones.

Una amiga me sugirió el otro día que hiciéramos un curso de defensa personal. Mi amiga A. Empoderada. Feminista. Con grandes tetas que hacen que muchos hombres se crean con derecho a opinar sobre ellas. Ella me decía “Viki, lo sabes, tendríamos que hacer el curso”. Y es que resulta que empoderarse es en sí mismo un concepto muy poderoso, del que han corrido ríos de tinta. Pero se nos olvida la parte complicada. Empoderarse es lucha. Que alguien te diga que te empoderes es pedirte que asumas que estás en un sistema que te oprime y luches contra ello. Que no te calles, que no pases ni una, y que te puedan partir la cara. O matar. Porque viajabas sola.

 

About Hera Guerrera

Una de las nietas de las brujas que no pudieron quemar. Congruente. De imagen impulsiva. Siempre reflexiva. Me fascina observar hormigas. Siempre digo lo que pienso. Aficionada a la danza africana. Activista de derechos humanos. Feminista. Abogada.

One thought on “Sola. Calle. Miedo.

  1. Has dejado abierto el debate sobre soluciones al respecto y no he podido quedarme callada, me has tocado la vena. A mi me sigue dejando impactada que la única solución que se nos ocurra sea “aprender defensa personal” o ese tipo de cosas. Es decir, todo sigue recayendo sobre los oprimidos y no sobre los opresores. Siempre me rompo la cabeza con este tipo de cuestiones y llego a un callejón sin salida. En un mundo ideal, la solución sería que dejaran de existir este tipo de conductas opresoras, pero sabemos que eso es, si no imposible, muy difícil. Entonces piensas en una tercera persona: la justicia. Pero esta no se caracteriza por su rapidez, con lo cual digamos que es más una “cura” que una “prevención”. Al final, llego a la conclusión de que la solución conlleva más tiempo del que pensamos. Podemos llegar al mundo ideal, hemos recorrido un gran camino para llegar hasta donde estamos ahora (y estoy muy orgullosa), pero aún queda mucho. Creo que la solución más fuerte y eficaz es LA EDUCACIÓN. Lo pienso y lo pensaré siempre. Si conseguimos educar para erradicar ese tipo de conductas, o al menos minimizarlas, entonces llegaremos al mundo ideal… o al menos a un mundo mejor.

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