No quiero tus piropos: quiero caminar sin miedo

piropos
Imagen de Virgina Lòpez Bello

 

Ayer noche, tres tipos en una furgoneta con el logo del Metro de Madrid en su exterior, se pararon en un paso de cebra de la Glorieta de Cuatro Caminos. En aquel momento cruzaba una chica tan tranquilamente. Imagino que trataba de ser una ciudadana más paseando en una calurosa noche de verano. Probablemente embebida en sus pensamientos, tal vez tarareando una canción, pensando en su madre enferma o simplemente decidiendo si al llegar a casa cenaría yoghurt o pieza de fruta. Ahora veréis, porque no logró su propósito.

El sujeto de la ventana del copiloto de aquel vehículo, creyéndose en su derecho de varón esparcidor de genes de tan alto abolengo como el suyo, decidió llamar la atención de la chica, la cual por supuesto debía atender inmediatamente a su demanda, por su bien. El individuo llevaba el brazo asomado por la ventanilla y comenzó a dar golpes con la mano abierta a la carrocería de la puerta, haciendo un ruido ensordecedor, acompañando la percusión, con unos sonidos guturales más propios de un simio que de un humano. Con la baba caída y los ojos inyectados en sangre le vomitaba palabras que salían como dardos por su boca…“tía buena”, “menudo culazo”, “qué mujerón”, mientras la pobre chica y la pobre puerta sufrían los embistes de este animal salido, la chica aligeró el paso tratando de escabullirse entre la gente y poder zafarse de los envites y así, al doblar la esquina, lograr desaparecer de la vista de ese amenazante macho embrutecido.

Yo me pregunto, ¿esos hechos, no deberían ser considerados como mínimo una falta y ser sancionados?, ¿qué derecho tiene nadie a perturbar el camino de nadie? Esa chica, probablemente pasó miedo, ¿tenemos que aguantarnos ese miedo, ya que el derecho a espetar lo primero que se les ocurra lo tienen los tíos animalizados? Para los que pensáis que exagero, imaginaos esa misma situación al revés, que el paseante fuera el sujeto que iba de copiloto de esa furgo y el de la furgo un gorila de dos metros, jadeando y berreando: “te la voy a hincar por donde más te duele… qué culazo tienes macho!. La única realidad es, que si fueran los hombres los que padecieran este acoso, existiría una ley que condenaría a los que la infligieran a la cadena perpetua, quizás hasta el destierro y tal vez hasta se reinstauraría la pena de muerte.

Dedicado a todos aquellos que se refieren de manera despectiva al término heteropatriarcado, tratan de ridiculizar la palabra e intentan hacer que una vez más las mujeres sintamos miedo por serlo.

#NiUnaMás

About VIRGINIA LOPEZ BELLO

Feminista siempre

4 thoughts on “No quiero tus piropos: quiero caminar sin miedo

  1. Es evidente que lo ocurrido no es un piropo, es una agresión verbal que debe de ser denunciada al momento. Hay hombres que de pronto miran a una mujer a la cara y sonríen, incluso pueden atreverse a decirle un “qué guapa” suavecito… al mismo tiempo que siguen andando dando a entender que jamás se acercarán a ella. Habrán personas que tampoco vean con buenos ojos algo como lo descrito, pero no deja de ser una sutil travesura en una sociedad cada vez más fría. Lo mismo que una mujer le pueda decir a un hombre, “qué ojazos tienes, niño”, por ejemplo, igualmente sin acercarse en ningún momento a él. Insisto, nada que ver con la barbaridad expresada en el artículo.

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