Crónica de una violación de andar por casa

Otra vez

¡¿Otra violación?!… ¡No me lo puedo creer!… ¡Aún puedo llamarla así?
Sólo siento vergüenza y culpa y un asco tan profundo que se me agarra a la tripa y me la revuelve. Asco hacia mí. Me avergüenzo por no ser suficiente, por no ser capaz, me decepciono profundamente. Esto que ha pasado me duele muy dentro de mí, no me atrevo a contárselo a nadie. Cómo se lo explicaría si no puedo ni entenderlo yo…

Autoengaño, de la fotógrafa estadounidense Francesca Woodman.
© Betty and George Woodman

Yo no quería, lo tenía claro. Se lo dije por activa y por pasiva. Se lo he dicho dos noches seguidas, se lo he dicho por mensaje con todas las palabras. ¿Por qué? ¿Por qué tengo que ser más contundente?

No quiero irme a la cama sintiendo que tengo que saber defenderme. No quiero tener que ser firme, no quiero tener que sentir orgullo por mi valentía, ni vergüenza por mi incapacidad.
Quiero irme a la cama sabiendo que voy a dormir tranquila. Sintiéndome libre de elegir lo que quiero. Sintiéndome escuchada y aceptada en lo que diga. No quiero ni siquiera que me pongan en la situación de pedirme sexo. Que dejen de meterme mano directamente y menos aún haciendo caso omiso a mis palabras.

Culpa

La culpa es mía por no saber pararle los pies. Por ser débil.

¿La culpa es mía?

Me siento tan culpable… Aunque en el fondo me siento furiosa, muy furiosa de que tenga que haber pasado por todo esto. Porque un NO (detrás de otro) nunca sea suficiente. Furiosa por tener que sentir odio hacia mí misma, vergüenza y asco. Pero sobretodo me siento triste y sola. Esa soledad que produce la incomprensión o su alternativa, el silencio. Porque a quien se lo cuente me va a juzgar. Por mucho que me consuele va a pensar que podría haber hecho más. Y se va a preguntar por qué no lo hice. La misma pregunta sin respuesta que me hago yo.

Y si podría haber hecho algo más y no lo hice, quizás me merezca un poco lo que me ha pasado ¿No? Por no haberlo evitado. Y todas las personas que me conocen, sin excepción, pensarán; Con lo fuerte y decidida que parezco. Con lo firme que soy en otros tantos aspectos de mi vida. Lo contundente que soy en mis decisiones ¿Cómo es que no lo soy también así con el sexo? ¿Cómo ser capaz de parar a un tío que no esta ejerciendo la violencia conmigo? Depende de lo que entendamos por violencia por supuesto, con lo fácil que es ¿no?
Sea cual sea la conclusión a la que lleguen no me dejará en buen lugar e irá por el camino de “tan claro no lo tenía entonces” o “tan poco no debía de apetecerme“…

En fin, qué mas da. Si la primera en juzgarme y en criticarme soy yo misma. Incapaz de perdonarme esta debilidad, esta incapacidad. Profundamente decepcionada con haber vuelto a pasar por lo mismo sin haber “aprendido la lección”…  ¿qué lección? Debe ser que soy la única que tiene lecciones que aprender, y que dar. Porque parece responsabilidad mía enseñarle a este tío a respetar a las mujeres. Debe ser que yo pedí que me volvieran a poner en esta situación…

Después de haberle dicho por mensaje que era incómodo para mi que me abrazara y que no quería nada con él, se metió en la cama y me preguntó si podía abrazarme. ¿De verdad tenía que preguntármelo? Y yo le respondí “depende” ¿Por qué? ¿Por qué no le dije que no directamente? Quizás hubiera acabado todo ahí. Aunque ahora se que no lo hubiera hecho. Si una negativa no funciona por qué iban a hacerlo dos… Pero podría haberlo dicho ¿Por qué dije “depende”? Pues supongo que porque la parte más inocente de mí quería creer que solo quería abrazarme inocentemente mientras dormíamos. Como le había dejado claro que yo no quería nada su propuesta, desde el punto de vista de la lógica, sólo podía ir por ahí: abrazarme sin más, sin pretender nada más, y eso no me parecía mal del todo…

Hechos

Después de eso vino una sucesión interminable de lanzarse a mi boca constantemente. Él me metía la lengua, yo me quedaba paralizada mentalmente y al poco le apartaba y le decía que no quería. También lanzaba su mano una y otra vez, pero no para abrazarme inocentemente, sino para tocarme una teta o bajar a mis braguitas. Nuevamente parálisis y después se la quitaba y él me preguntaba ¿Por qué? Y yo le respondía que porque no quería. Y él me volvía a preguntar que por qué no, y yo respondía “porque no” mientras pensaba ¿por qué tenía que haber una razón para no querer?. ¿Por qué no querer no era suficiente razón? ¿Por qué si no seguías argumentando parecía menos válida tu decisión?

Acabe dándole la espalda en vista de que mis palabras, quitarle la mano y apartarle cuando me besaba no funcionaba. Él se arrimó a mi y, como en las noches anteriores, empezó a restregarse contra mi culo y volvió a intentar tocarme las tetas o bajar hacia mis bragas. Yo antes reaccionaba en cuanto la movía de la cintura. Ahora estaba más paralizada de manera que fácilmente accedió varias veces a mis tetas y sólo reaccionaba cuando la intentaba bajar. Ante cada negativa él se alejaba de mí, suspiraba sonoramente y decía cosas como “qué pena”. Pero al poco volvía a intentarlo.

Luego ya no se separaba, sino que insistía pegado a mi oreja, me suplicaba, me decía que estaba bien rica y que le dejara, que me lo iba a hacer bien rico. Que cuál era el problema. Que mi cuerpo también lo pedía. Me metió los dedos por detrás una vez, después de que yo le quitara la mano por delante, para comprobar si estaba mojada y darse la razón en que daba igual lo que yo dijera, mi cuerpo lo quería y eso era lo que importaba. No paraba de repetirme que en el fondo yo quería y yo no paraba de decirle que no quería y que me daba igual lo que dijera mi cuerpo, que la que mandaba sobre él era yo. Que discurso tan bonito y que inútil me fue.

Me cogió la mano y me la puso sobre su polla y yo se la acaricie. ¿Porqué? No lo sé ¿Quería hacerlo? No. Pero da igual porque lo hice y esto es algo que todo el mundo juzgará… Porque una cosa es no ser capaz de parar los pies a alguien, pero otra muy distinta es tocarle la polla. Claro ahí le estoy mandando un mensaje claro de que quiero algo. Porque debe ser que todos los demás que decían explícitamente que no quería no eran suficientemente claros… Paré y le repetí que no quería pero cada vez le daba mas igual. Me volteo poniéndome boca arriba y se puso encima aunque yo intenté evitarlo. ¿Agresivamente? No. Pues no cuenta…

Me abrió las piernas y se puso encima a frotarse de nuevo mientras me intentaba besar. Yo le quitaba la cara pero daba igual. Aún a veces me preguntaba ¿Pero que pasa? (¿¿¿¿enserio????) y yo volvía a responder que no quería y él ya venido arriba me decía que eso era mentira y seguía con su discurso de que mi cuerpo no decía lo mismo, que mi cuerpo si quería… Cada vez que intentaba quitarme las bragas yo le detenía y el volvía a suspirar como diciendo no me hagas esto. Y volvían las suplicas, los cumplidos, las promesas sobre lo mucho que me iba a gustar, los comentarios sobre lo ruda que era. Esos eran los que mas me dolían…. Si fuera ruda hubiera podido pararle los pies desde el momento uno y no estaría en esa situación.

Además me dolía porque él estaba llevándose la interpretación de que todo era cuestión de insistir, que las chicas nos hacemos de rogar pero que en el fondo queremos. Que sólo tienen que ser insistentes y al final tendrían razón: ellos saben lo que queremos mejor que nosotras mismas. Sentía que tenía que darle una lección, que no es no y que no es que me estuviera haciendo de rogar. Es que no quería ni iba a querer. Que tenía que escuchar a las mujeres en lugar de pensar con la polla. ¿Pero que lección le iba a dar yo si ni siquiera había aprendido la mía…? Y me sentí todavía peor… Porque no solo me estaba traicionando a mi… Se lo estaba haciendo a todas las demás mujeres, dejando que otro hombre más siguiera pensando que todo es cuestión de insistir.

Llegó un momento que la idea de ceder empezó a pasarse por mi cabeza. Era la manera más rápida de acabar con esto. Por desgracia siempre lo es. Yo no me veía capaz de ser mas contundente, al revés cada vez me sentía mas débil. Porque sentir que no eres escuchada, que los “no” no bastan, que intentar apartar a alguien reiteradamente no basta, hace que te sientas débil. Y sabia que lo que no había funcionado hasta ahora no iba a empezar a funcionar.

Él cada vez mas insistente, yo cada vez mas débil, ceder era una opción… ¿Cuál era la otra a mi alcance? Seguir sintiéndome mal por ser incapaz de ser mas contundente y alargarlo más… Le pregunté si tenía condón me dijo que iría a por el. Yo no quería que fuera porque estaba donde mis compañeras y era aun mas humillante para mi que ellas supieran lo que estaba pasando y lo que estaba a punto de pasar. Pero hacerlo sin condón era sobrepasar otro limite y sentirme aun mas mierda. Por no mencionar las rayadas con si me habrá pegado algo o si me quedaré embarazada. Definitivamente por ahí no iba a pasar. Le dije que no quería que fuera a por el condón y tampoco lo íbamos a hacer sin el y nuevamente intente quitármelo de encima.

Él no cedió y siguió con que estaba sano y que no se iba a ir dentro que no me preocupara. Yo ya iba a ceder definitivamente pero pensé en toda esa gente que sabía lo de mi primera violación, en la que confié y a la que no quería volver a decepcionar. Quería ser capaz de contarles esta historia y que acabara con un “y finalmente me lo quite de encima” o “la lié parda hice lo que fue necesario pero le pare los pies” y sentirme orgullosa de mi misma y sentir que ellos también lo estarían, los que supieran lo difícil que había sido para mi y los que no al menos lo entenderían y lo aprobarían.

Con esto en mi cabeza intente una vez más separarlo de mi, quitármelo de encima, pero él dijo algo así como “a la mierda, voy a hacértelo ya” se quitó los calzones y me quito las bragas. Aunque intenté sujetarlas, me abrió las piernas y me la metió. El bloqueo volvió a mi… Me sentía violada, sentía que había perdido, sentía toda esa vergüenza asco y culpa y ahora sí lo único que quería era acabar con eso. Así que empecé a follar. Entonces volví a pensar en toda esa gente, podría dar sus nombres porque vi una a una sus caras y sabía que iba a tener que mentirles para ocultar toda esta mierda y que no quería hacerlo.

Le dije que parara e intenté con más fuerza que ninguna otra vez quitármelo de encima. Separar su cuerpo del mío. Sacármela de dentro. Pero él no cedió ni un ápice. Me sujetó más, puso más peso sobre mi y siguió mientras decía que ya casi acababa. Que no me preocupara que se iba a correr fuera. No pude quitarle y eso si que lo intente con fuerza, mucha más de la que había puesto hasta ese momento, pero como todo lo demás no sirvió. ¿Hubiera servido antes? No lo sé, sigan juzgando…

Seguí intentándolo y al fin le despegué de mí, pero no porque yo lo consiguiera sino porque se salió para correrse fuera, como había dicho que haría. Luego me trajo papel para que me limpiara y se tumbo a mi lado diciéndome, “que rico ha estado” y que “hacíamos un buen equipo”. Yo le dije que no, él me lo repitió y le volví a repetir que no y me dijo una vez más que que ruda era como si fuera un cumplido en parte para mi y sobre todo para él que había conseguido domarme pese a todo. Y yo me sentí aun más humillada cuando pensaba que no podía sentirme peor.

En ese momento pensé que quedaba otra noche y le dije que esto no iba a volver a pasar. Él me dijo que sí, pero que iba a llevarme a un lugar mejor para nosotros solos, donde estuviéramos mas cómodos. Yo le dije que no iba a ir a ningún lado y que no iba a volver a pasar pero el cerro los ojos como volviendo a decir que ya veríamos lo que pasaría, que si hoy he querido mañana seguro que también. Y se quedo dormido, esta vez sin abrazarme. Se puso a roncar. Y yo me salí a escribir esto y ahora me volveré a meter en esa cama e intentare dormir las pocas horas que me quedan.

En un hueco apartado de mi mente, sutil, latente, sigue vehemente un pensamiento, una duda. Preocupada por si le habré satisfecho, porque habré parecido una muerta en el sexo. porque de eso va todo en el fondo. De ese puto chip incrustado que no consigo arrancarme. Ese chip grabado a fuego durante tantos años. El origen de toda esta mierda, y la ultima piedra en mi camino. Y como una mina enterrada saber que existe no impedirá que la pise. Y después de todo esto, ¿cómo puede seguir existiendo esa preocupación? Lo que más me preocupa es que eso me preocupe.

About nuria

Tengo 24 años he estudiado educacion social y quiero e focarme profesionalmente al feminismo

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