Esta es mi historia: Yo fui víctima de Violencia de Género

violencia machista
Imagen de la artista argentina Stella Maris Leone Geraci

Hoy, con 51 años y con tantos años de militancia en la NO violencia hacia la mujer y en el feminismo, impulsada por unxs amigxs, voy a escribir mi historia. La que he relatado en forma oral varias veces.

Eran mediados de los 80, yo tenía unos 20 años y C (así lo voy a llamar) era el primer novio oficial que traía a casa. Salimos unos 18 meses, era el primo de una ex compañera de secundaria. C era bueno, amable y siempre me decía “que como él nadie me iba a amar”. En esos tiempos yo trabajaba en el Hogar Obrero, en la Casa Central, en la sección contaduría. Además, ya daba clases de arte en mi estudio.

A los pocos meses de estar saliendo comenzó a irme a buscar todos los días al trabajo, mi horario era de 14 a 22 horas. La excusa era para que no volviera sola de noche… Algo a lo que estaba acostumbrada. Siempre fui de salir sola. Además hacía varios años que tenía ese horario de trabajo.  Con el tiempo me esperaba en la esquina de casa para alcanzarme hasta la parada de colectivo, sólo son tres cuadras. La excusa era que quería verme.

Saltan las primeras alarmas…

Fue ahí donde empezaron las primeras violencias psicológicas ¿por qué te pusiste pollera?, ¿por qué te maquillaste?, ¿por qué…? Cuando me cansaba de tanto control le decía que no quería verlo más. Y cuando lo comentaba con mis compañeras de trabajo o alguna amiga, lo primero que me decían era «él te quiere, sólo que es muy celoso». Porque nos enseñaron que celos era igual a amor. Y yo me preguntaba ¿celoso de qué? si no le doy motivos.

Dejaba pasar unos días y venía a buscarme al trabajo con un ramo de flores. Lo perdonaba y después arremetía con más fuerza. Me decía que mis amistades no eran buenas personas y me fue alejando de algunas. Creo que a mí esas personas tampoco me interesaban. De otras lo intentó pero no pudo, así que siempre hablaba mal de ellxs.

Yo sabía que el padre los golpeaba y trataba mal a la madre, hasta mi Mamá que una vez la conoció personalmente, y sin saber nada de Violencia de Género y Feminismo le dijo que tenía que hacerse respetar delante de su marido, por ella y por sus hijos. Le miré a mi Mamá y me quede pensando.

Flores de arrepentimiento u otra forma de violencia

La relación siguió igual un tiempo. Su manipulación, mi rebeldía a no dejarme doblegar estaban haciendo agua en la relación… Un día, C tenía que venir a casa temprano por algo que ya ni recuerdo. Llegó después de varias horas. Esa fue la gota que derramó el vaso. Le hice salir de casa, y en el auto le entregue todas sus cosas. Le dije «no quiero verte más, seguí tu camino y yo el mío». Me bajé del auto, entré en casa y cerré la puerta. Mi Mamá y mi Papá me miraron y les dije muy tranquila que era la última vez que C entraba en casa. Ellos que podrían haber sido muy buenos jugadores de poker me miraron y me dijeron que todo estaba bien. A mí no se me cayó una sola lagrima. Es más, me sentía liviana después de tomar esa decisión.

A los pocos días vinieron de una florería con un gran ramos de flores, el cual rechacé. Dije que la persona a la que buscaba no vivía ahí. Fue en ese momento que empezó a tejer su trama de manipulador. Llamaba a lxs amigxs de los que había hablado mal, le abrían las puertas de su casa, les decía cuánto me quería… Después ellxs venían y me decían «C te quiere, dale otra oportunidad». Y ahí les contaba lo que él decía de ellos.

El plan B

Una vez intento hablar con mis padres. Ellos me contaron que vino, jamás me dijeron «volvé con él». A la segunda vez que quiso hablar con ellos, le dijeron que no. Respetaban mi decisión. Mis amigxs le empezaron a cerrar las puertas… Mis padres se pusieron al frente de la gran muralla de contención. Fue ahí cuando C pasó al plan B, que encendió la alarma en muchxs de mi entorno, menos en mí.

Como les relataba al principio, yo salía de trabajar a las 22 horas, a veces dependiendo el cierre por ahí era más tarde. Una noche volvía en el colectivo y ví que el auto estaba siguiéndome. Pensé «estoy loca». Al volver a mirar era él, creí que era casualidad. Lo vi la noche siguiente, la siguiente y la siguiente… Lo comenté en casa y la sabiduría de mis padres, esa de no decir nada, y poner cara de nada, fue bueno para mí. Yo seguí haciendo mi vida. 

No más cómplices

Cuando lo conté en el trabajo, mis compañerxs creo que pensaron que no era normal, de pronto todxs se turnaban para acompañarme hasta la parada de colectivo, o me esperaban si tomaban el mismo colectvo que yo. Al llegar a casa en la parada estaba mi Papá esperando, sólo para que no fuera sola. Recuerdo una noche que volvía de un casamiento de una compañera de trabajo, casamiento al que C no quería que fuera. Cuando me iba a volver de la fiesta, una compañera me dice «espera te llevamos nosotros que estamos de paso, -no sea cosa que te esté esperando-». Así fue, estaba en el auto, en la esquina de casa. Me bajé, le saludé a ella y su novio, entré a casa y me fui a dormir.

Al otro día comenté en casa que él estaba en la esquina. Siguió un tiempo más siguiéndome. Una noche no lo vi más, un día mi Mamá me pregunta si lo había visto a C le dije que no. Ahí me contó “un amigo A del barrio donde se crió mi Mamá, tenía una hija mujer S y dos hijos varones a los que yo trataba. S salía con un amigo de C, así que a veces iba a la casa de ellos. Un día A y sus hijos varones hablaron con él, le dijeron que si a mí me pasaba algo, ya le habían dado todos sus datos a R, un polícia del barrio y amigo de ellos, él sería el primero que irían a buscar”».

Romper el silencio

En el 2000 empecé a trabajar en mi obra la iconografía de la mujer y desde 2007-2008 trabajo el tema de la Violencia de Género. Desde el arte y luego como un compromiso social. Al principio decía lo que todas nosotras decimos “yo no fui víctima de violencia”. Con los años empecé a contar en las charlas muy brevemente esta situación. Con los años empecé a analizarla desde otro lugar, qué hubiera pasado si no lo amenazaban, qué hubiera pasado si un día un compañero, un amigo, un hombre volvía conmigo… Quizás hubiera pasado a ser parte de la lista de crímenes pasionales como se las llamaba en esos tiempos.

Yo tuve suerte, tuve un entorno con Mis Padres al frente, que formaron un muro de contención. Con amigxs que formaron una segunda muralla… Pero cuántas como yo en esos momentos no tuvieron la misma suerte.

En estos días que estuve participando en distintos eventos, entre todxs los debates siempre digo lo importante que es que todxs aprendamos a acompañar a una Mujer Víctima de Violencia. Estar ahí sin cuestionar. Hoy que tenemos tantas herramientas podemos hacer la diferencia, para no llegar a un feminicidio, a una de Nosotras muerta.

Hace años escucho relatos de mujeres, algunas me escriben y cuentan su historia. Pocas de ellas hice públicas por pedido de ellas. Hoy soy yo la que escribe en primera persona y cuento mi historia. Seguiré escuchando y leyendo historias mientras me la quieran contar. Seguiré haciendo arte, escribiendo, hablando y marchando en contra de la Violencia Machista, hasta que el cuerpo diga basta.

Stella Maris Leone Geraci

Artista Feminista, Artivista

About Stella maris Leone geraci

1965, Argentina. Desde 1982 vive y trabaja en Villa Raffo, Tres de Febrero. Buenos Aires. Argentina. Artista Feminista, Artivista

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.