Rompiendo los hilos invisibles del maltrato

Cuando creces en un entorno basado en el maltrato es difícil salir de él. Se asemeja a una jaula de cristal en la que vives encerrada sin saber realmente que no puedes escapar de ella. ¿Cómo liberarse de unas ataduras que para tus ojos pasan desapercibidas? Ese fue mi caso. Sí, mi padre es un maltratador, y abrí los ojos recién cumplidos los quince tras sufrirlo, tanto mi madre como yo, durante toda mi vida.

Que te vaya bien

Para todas esas mujeres que superaron a quien las destrozó, que lograron ser felices después de querer que se las tragara la tierra. Y a todas aquellas que todavía no lo superaron, que todavía lloran a escondidas por alguien que no merece la pena. Por alguien que les hace daño, que las trata como no merecen ser tratadas.

La historia de mi (no) vida

Cuando tenía 15 años empecé a salir con un chico de 18. Al principio la relación era sana, nos estábamos conociendo, pero poco a poco aparecieron detalles que, aunque no me gustaran, los pasaba por alto porque como era mi primera relación, pensaba que lo normal era eso. Él empezó con lo típico: «les caigo mal a tus amigos», «no te pongas esa ropa si no es para estar conmigo», «no te maquilles para salir». También me cogió el móvil y bloqueó a todos los chicos para que no hablara con ellos. Luego eso desapareció. Y eso fue porque desapareció eso de salir con los amigos y desapareció eso de salir si no era para ir a su casa. Sí, me pasaba el día encerrada en su casa.

Cultura De La Violación

Del acoso callejero a la violación. Sólo nos queda luchar

La policía me despertó horas más tarde en el parking del local. Que cómo te llamas, que qué te ha pasado. De ahí al ambulatorio más cercano. Después, al hospital de la ciudad. Marcas de sujeción en los brazos. El labio inferior reventado por un puñetazo certero para hacerme callar. Anestésico para caballos en mis venas y una hemorragia de dolor incesante que me impidió sentarme con tranquilidad en las sillas de la facultad durante los muchos días que duró el calvario de remontar una violación.

Ni una menos

Y todavía nos preguntan qué por qué estamos tan furiosas. Nos dicen que somos unas exageradas. Todavía hay quien se ríe del asunto del pegamento, esos no tienen jodida vergüenza. Los que son conscientes de la problemática de las violencias machistas en el mundo entero todavía cuestionan nuestras formas. Nos siguen diciendo que están de acuerdo con la lucha feminista pero se escudan en que el fin no justifica los medios. Nos dicen que debemos ser más racionales, y no poner los sentimientos de por medio. Como si ninguna de nosotras supiera lo que es volver a casa de noche, teniendo miedo de ir sola. Como si ninguna de nosotras hubiera sufrido acoso callejero. Todavía nos dicen que no metamos los sentimientos en este asunto. Nos dicen que no tenemos que enfadarnos, con estas cifras. Nos siguen diciendo que nos calmemos, que no seamos tan radicales.

Apaleada pero agradecida

Después de la paliza que me dio mi ex pareja y que puso fin a varios años de maltrato, paliza por la que aún estoy a la espera de juicio, es el momento de dar las gracias a ciertas personas. Soy muy optimista y he decidido quedarme con lo bueno. En primer lugar, GRACIAS a esos dos ángeles que, sin conocerme de nada en ese momento, vinieron en mi ayuda y consiguieron reducirle. Gracias por salvarme la vida. No sé que habría sido de mí sin vosotros. Gracias por acudir como testigos a la vista preliminar. Gracias por restarle importancia a lo que hicisteis, aunque un pajarito me ha contado que tuvisteis pesadillas varias noches recordando lo ocurrido. Gracias, gracias y mil veces gracias.

Feminismos

Lo que no me dejaron leer el 25 de noviembre

Pensar que ustedes pueden cambiar al agresor es tratarnos como a idiotas, ¿o acaso creen que no lo hemos intentado nosotras, las “otras”? Tal vez piensen que lo hacemos mal, y seguramente piensen entonces que nos lo merecemos, que estaba en nuestra mano controlar el maltrato sufrido y que si no lo hemos conseguido es por nuestra culpa. Cuando ustedes no toman una posición con el compañero, con el hermano, con el marido o con el novio de su amiga nos dejan solas, solas en nuestra vida privada y con nuestros problemas privados e íntimos