El minuto de silencio

Soy concejal. Y cada día me siento más y más culpable de la inútil forma que tenemos los políticos de mostrar nuestro rechazo a cualquier tipo de violencia machista. No es suficiente. No es la solución. Ni siquiera ayuda un poco. Durante el terrible minuto, se me van y se me vienen los colores, me siento rabiosa, impotente, se me forma un nudo en la garganta, me da hasta vergüenza, propia y ajena

La punta del iceberg

Excusas baratas, excusas que sirven para intentar ocultar o más bien excusar nuestros propios errores. En una sociedad como la actual es imposible estar limpio de actitudes misóginas que nos llevan inoculando desde que nacimos. Después de todo, ¿Quién no ha hecho nunca alguna broma sobre emborrachar a una chica para tener sexo con ella? ¿Quien nunca ha hablado sobre que las niñas no se respetan? ¿Quien no se ha reído de una niña por no depilarse? ¿Quién no ha llamado puta a una chica en su vida? y por último: ¿Quien nunca se ha escudado tras el típico «es una broma, no te pongas así, no seas histérica»?