Medios De Comunicación

La publicidad que nos mal-trata

La hipersexualización de las mujeres en el ámbito de la publicidad es algo que tenemos ya muy presente desde que somos niños. ¿Acaso no es tan antigua como lo es la publicidad en si? Son incontables los productos que se han anunciado a través del cuerpo de la mujer: Productos para hombres… ¡Pero también productos para mujeres! Y las mujeres los han comprado sin pensar dos veces en la repercusión social que puede conllevar esta publicidad de tipo sexista.

Lo más preocupante, no es ver a la mujer como un trozo de carne a la venta (que ojo, también lo es) pero lo peor de todo son esas campañas que incitan al maltrato o a la violación. Esas campañas que nos tratan de tontas, de inferiores… Sólo por el hecho de haber nacido mujeres.

Aparta de mi sitio. «Aliados feministas» que silencian nuestra voz

si un hombre lleva una camiseta en la que ponga, por ejemplo: “activa tu poder clitoriano”, el tío es un genio y a la gente le encanta que la lleve. Sin embargo si a una mujer se le ocurre activar SU poder clitoriano, se le considera una guarra que nadie sabe que hace llevando esas cosas en la camiseta porque madre mía qué mal gusto. Un hombre puede ir en primera fila de la manifestación con su megáfono gritando «¡nosotras parimos, nosotras decidimos!», pero si una mujer defiende públicamente el derecho al aborto es una feminazi comefetos devoraniños. A un chico también le podrán aplaudir por decir que a él le parece que las mujeres pueden decidir si depilarse o no, sin embargo nadie se calla el comentario graciosete o despectivo a la chica que no se depila. ¿Lo entendéis? Porque yo no.

De como me ayudó el feminismo a crecer y aceptar mi asexualidad

Vivía –vivo- en una sociedad hipersexualizada donde se espera una continuidad de tus actos, donde no cabe la posibilidad que dos personas puedan llegar a estar juntas sin necesidad de llegar a la cama. Porque parece que entonces es solo amistad, porque es lo normativo. Me hicieron creer que tarde o temprano me “adaptaría” a esa normatividad. No entendían que exista una atracción no-sexual.