La punta del iceberg

Excusas baratas, excusas que sirven para intentar ocultar o más bien excusar nuestros propios errores. En una sociedad como la actual es imposible estar limpio de actitudes misóginas que nos llevan inoculando desde que nacimos. Después de todo, ¿Quién no ha hecho nunca alguna broma sobre emborrachar a una chica para tener sexo con ella? ¿Quien nunca ha hablado sobre que las niñas no se respetan? ¿Quien no se ha reído de una niña por no depilarse? ¿Quién no ha llamado puta a una chica en su vida? y por último: ¿Quien nunca se ha escudado tras el típico «es una broma, no te pongas así, no seas histérica»?

Ni una menos

Y todavía nos preguntan qué por qué estamos tan furiosas. Nos dicen que somos unas exageradas. Todavía hay quien se ríe del asunto del pegamento, esos no tienen jodida vergüenza. Los que son conscientes de la problemática de las violencias machistas en el mundo entero todavía cuestionan nuestras formas. Nos siguen diciendo que están de acuerdo con la lucha feminista pero se escudan en que el fin no justifica los medios. Nos dicen que debemos ser más racionales, y no poner los sentimientos de por medio. Como si ninguna de nosotras supiera lo que es volver a casa de noche, teniendo miedo de ir sola. Como si ninguna de nosotras hubiera sufrido acoso callejero. Todavía nos dicen que no metamos los sentimientos en este asunto. Nos dicen que no tenemos que enfadarnos, con estas cifras. Nos siguen diciendo que nos calmemos, que no seamos tan radicales.